La papa irlandesa

La aparición reiterada y enigmática de un motivo verbal que recorre todo el libro puede ilustrar el trabajo de Joyce y su concepción de la lectura. Se trata de una papa —la palabra «papa», desde luego— que, a diferencia de la metempsicosis, escapa del cielo griego y se arraiga en suelo irlandés. El ejemplo, breve e interesantísimo, concentra el modo en que Joyce construye el relato y también postula su modo de leer. Recordemos que Bloom, poco antes de la escena que hemos analizado, está por salir a la calle. Su mujer todavía duerme. Ya en el umbral, se tantea el bolsillo trasero del pantalón para ver si trae la llave, pero se la ha olvidado: en el bolsillo solo encuentra una papa. «Potato I have», «La papa la tengo», dice el texto. La llave ha quedado en otro pantalón, pero como el ropero cruje y Bloom no quiere despertar a Molly, deja la puerta entornada y se va sin ella.

«On the doorstep he felt in his hip pocket for the latchkey. No there. In the trousers I left off must get ir. Potato I have. Creaky wardrobe. No use disturbing her» (edición de Penguin, 1992, p. 67).

La frase que pronuncia Bloom, «Potato I have», no parece tener sentido ninguno. Por eso es lógico que Salas Subirat, el primer traductor del Ulysses, el mejor y el más joyceano hay que decir, el que mejor transmite los tonos de su prosa, no entienda esa primera aparición de la papa y la traduzca de acuerdo con otro contexto (el suyo, no el de Bloom).

«En el umbral se palpó el bolsillo trasero del pantalón buscando el llavín. No está. En los pantalones que dejé. Hay que buscarlo. Soy un zanahoria. El ropero cruje. No vale la pena que la moleste» (traducción de Salas Subirat, edición de Santiago Rueda, 1945, p. 59).

«Soy un zanahoria», traduce, como refiriéndose al olvido de la llave. El sentido surge por contigüidad, de la coherencia interna de la frase: del olvido, una tontería, resulta «zanahoria». La traducción funciona, repone un sentido, pero Salas Subirat lee mal (está obligado a leer mal, podría decirse, obligado a asociar en su propio contexto). Porque lo que aquí está en juego es el procedimiento de la palabra perdida. Se alude a algo que no tiene explicación y compone una cadena que se comprende luego de haber recorrido el texto. Joyce siempre trabaja con el sobrentendido: Bloom no necesita explicarse lo que ya sabe, es decir, por qué o para qué tiene una papa en el bolsillo. Cuando Salas Subirat traduce «zanahoria», revela la misma sorpresa que sufre el lector que no ha leído todo el texto y no puede establecer la conexión, que solo es posible al releer: para entender hay que leer todo el libro. Quiero decir que para comprender esa expresión hay que avanzar en la lectura de la novela y seguir un hilo, unas hebras que se pierden en el texto. Y ese es, por supuesto, el modelo de lectura implícito en el Ulysses. El sentido depende del relato y es siempre un punto de fuga. La papa hace otra aparición al mediodía, cuando Bloom sale a la calle luego de comer un sándwich de queso gorgonzola y tomar un vaso de vino en el bar de Davy Byrne. «After two». «Las dos pasadas». Cruza la calle Kildare, para ir a la biblioteca, y ve a Blazes Boylan, el amante de su mujer que va al encuentro de Molly, y lo esquiva y se desvía hacia el museo. Cuando está a punto de entrar, busca el jabón que ha comprado para bañarse. Entonces revisa nuevamente el bolsillo, y junto con el diario y otras cosas que ha comprado encuentra el jabón. Y en el bolsillo vuelve a aparecer la papa.

«I am looking for that. Yes, that. Try all pockets. Hendker. Freeman. Where did I? Ah, yes. Trousers. Purse. Potato. Where did I?» (Penguin, p. 234).

Y Salas Subirat traduce así: «Estoy buscando eso. Sí, eso. Probemos en todos los bolsillos. Pañue. Hombre Libre. ¿Dónde lo? ¡Ah, sí! Pantalones. Zanahoria. Portamonedas. ¿Dónde lo?» (Santiago Rueda, p. 196).

La papa no tiene ninguna función, parece el objeto de un sueño, sin sentido para el lector (pero, desde luego, sí para Bloom). Y otra vez Salas Subirat traduce «zanahoria». Aunque la palabra no le sirve ahora para caracterizar claramente a Bloom, debe seguir el sentido que ha definido antes. Y por lo tanto Bloom sigue siendo un tonto, un zanahoria. (En honor de Salas Subirat, debemos señalar, sin embargo, que tiende a no suprimir la palabra que no entiende, la lee siempre en otro contexto; en esta frase solo invierte el orden de las palabras en el original, pone primero Potato y luego Purse). Para encontrar una primera pista a la enigmática aparición de la papa, hay que llegar al capítulo del hospital. En medio de una confusa circulación de voces (la página entera es una sucesión de fragmentos que no se sabe quién pronuncia), alguien dice que la papa sirve para el reuma.

«Sir? Spud against the rheumatiz? All poppycock, you’ll scuse mesaying» (Penguin, p. 557).

En la confusión distinguimos la palabra Spud, uno de los tantos nombres de la papa en el argot irlandés. ¿Papas contra el reuma? Desde luego, Salas Subirat no puede seguir ese sentido y cambia el texto:

«¿Señor? ¿Vuelve a pinchar el reuma? Todo farsa, perdóneme que se lo diga» (Santiago Rueda, p. 448).

Por fin, hacia el final, en el gran capítulo del prostíbulo, se revela una conexión entre la papa y la madre de Bloom y se descifra el enigma. Primero se le aparece a Bloom el espíritu de su madre Ellen. Está desolada al ver a su hijo en ese estado y revuelve en sus enaguas en busca de su frasco de sales:

«She hauls a reef of skirt and ransacks the pouch on her striped blay petticoat. A phial, and Agnus Dei, a shrivelled potato and a celluloid doll fall out» (Penguin, p. 569).

Y ahora Salas Subirat traduce bien. «Alza la pollera y hurga la bolsa de su enagua cruda a rayas. Una redoma, un Agnus Dey, una papa marchita y una muñeca de celuloide caen afuera» (Santiago Rueda, p. 464).

La madre de Bloom lleva entonces, ella también, una papa contra el reuma. Luego, una de las chicas encuentra la papa de Bloom y Salas Subirat desde luego también… Cuando Zoe Higgins («joven puta») lo acaricia, de pronto toca algo y dice:

ZOE: I feelt it. (Her hand slides in his left trouser pocket and brings out a hard black shrivelled potato. She regards it and Bloom with dumb moist lips).
BLOOM: A Talisman. Heirloom.
ZOE: For Zoe? For keep? For being so nice, eh? (She puts the potato greedily into a pocket…) (Penguin, p. 599).

Y Salas Subirat traduce (Santiago Rueda, p. 503):

ZOE: Lo siento. (Su mano se desliza en el bolsillo izquierdo de su pantalón y saca una papa negra dura arrugada. Con los labios húmedos, contempla a Bloom y a la papa).
BLOOM: Talismán. Una herencia.
ZOE: ¿Es para Zoe? ¿Para que se la guarde? ¿Por ser tan buenita, eh? (Se apresura a meterse la papa en un bolsillo…).

Luego Bloom le ruega a la chica que le devuelva la papa (Penguin, p. 663):

BLOOM (gently): Give me back the popato, will you? […] (With feeling) It is nothing, but still a relic of poor mamma […] There is a memory attached to it. I should like to have it. […]
ZOE: Here. (She hauls up a reef of her slip, revealing her bate thight and unrolls the potato from the top of her stocking).

En la versión de Salas Subirat, se lee (Santiago Rueda, p. 586):

BLOOM (amablemente): Devuélveme esa patata, ¿quieres? […] (Con sentimiento). No vale nada, pero es una reliquia de la pobre mamá […] Es un recuerdo. Me gustaría tenerla.
ZOE: Tómala. (Levanta una orla de su vestido, mostrando el muslo desnudo, y desenvuelve la patata de la parte superior de la media).

De modo que viene de su madre la fe en la virtud curativa de las papas. Mucho antes nos hemos enterado de que Bloom sufre de reuma. «Acabo de sentir en este instante una punzada de ciática en mi músculo glúteo izquierdo. Viene de familia». Hay que recorrer todo el libro, entonces, para saber que la papa, que constituye un tema en la novela, está vinculada con una tradición irlandesa que Bloom ha heredado de su madre: sirve para curar dolores reumáticos, él la usa tanto como ella lo hacía y siempre lleva una consigo. Es capaz de olvidarse de las llaves de su casa pero nunca de la papa. Dos cuestiones, laterales pero significativas, me gustaría señalar. Por un lado el propio Joyce, a quien el reuma de hecho le produjo la ceguera, llevaba siempre una papa en el bolsillo. «Michael Healy, su tío, al enterarse de que Joyce padecía reumatismo le aconsejó que llevara siempre una papa consigo para protegerse de la enfermedad», cuenta Brenda Maddox en Nora, la biografía de la mujer de Joyce. Y, por otro lado, la papa es una clave de la historia social de Irlanda, la base de la alimentación de las clases populares. Como hace saber John Percival en su libro Great Famine Ireland’s Potato Famine, 1845-1851, fue una peste en el cultivo de la papa lo que produjo la gravísima crisis que llevó masivamente a los irlandeses católicos a emigrar a los Estados Unidos. Los protestantes de clase media llamaban cerdos a los católicos porque comían siempre papa y los acusaban de probar el trigo solo los domingos con la hostia. En la tradición de los católicos irlandeses a la que pertenecía Joyce, la papa condensaba cualidades múltiples.

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